
No pensé que unos lentes pudieran modificar mi rutina diaria, no de forma gradual, sino de manera silenciosa.
Hoy trabajo casi todo el día sin sacar el teléfono del bolsillo, no porque quiera desconectarme, sino porque la información que necesito aparece justo frente a mis ojos.
Así ha sido mi experiencia real usando smart glasses, y así es como los nuevos G2 prometen llevar esa idea un paso más adelante.
Empezar el día sin mirar una pantalla
Son las siete de la mañana, la casa todavía está en silencio, no hay vibraciones en la muñeca, no hay una pantalla encendiéndose en la oscuridad, solo la hora, flotando frente a mis ojos.
Mientras preparo café, reviso el clima y mi agenda del día. No toco el teléfono. No miro el Apple Watch. Todo está ahí, visible, discreto, sin pedir atención.
Ese fue el primer cambio importante: la tecnología dejó de interrumpirme.
Trabajar con información que aparece… y desaparece
Durante la mañana trabajo frente a la computadora, escribo, pienso, me concentro.
Los mensajes llegan, las notificaciones también pero no suenan, no vibran, no rompen el ritmo, aparecen frente a mí y desaparecen cuando dejan de ser importantes.
Con el tiempo, dejé de revisar constantemente el teléfono. Dejé de depender del reloj. La información seguía llegando, pero sin robarme foco.
Ahí entendí que los smart glasses no buscan competir con el mundo real, buscan integrarse en él.
Mi experiencia con los G1: la base de todo
Llevo tiempo usando los G1 a diario, no como experimento, no como curiosidad tecnológica sino como herramienta de trabajo.
Ver mensajes, alarmas, calendario, hora y clima frente a mis ojos cambió la forma en que organizo el día. No exagero cuando digo que se volvieron parte de mi rutina, al punto de olvidarme de que los llevo puestos.
Esa experiencia ha sido, sin duda, fenomenal.
Lo que cambia con los G2 (y por qué generan expectativa)
Todavía no tengo los G2 en mis manos, los acabo de ordenar y ya están en camino. Precisamente por eso resultan interesantes, porque los G2 no llegan a corregir una mala experiencia. Llegan a pulir algo que ya funciona.
La nueva generación promete:
- Mejor conectividad
- Una experiencia más fluida
- Integración con un anillo inteligente para controlar funciones
- Una interacción más natural, menos visible
No se trata de reinventar la idea, sino de refinarla.
Cuando una tecnología llega a ese punto, suele ser una buena señal.
Tecnología que no llama la atención
Hay algo que valoro especialmente de este enfoque: la discreción, no hay cámaras visibles, no hay sensación de estar grabando, no hay miradas incómodas, solo información útil, cuando hace falta.
En un mundo donde muchos dispositivos buscan protagonismo, los smart glasses bien diseñados hacen exactamente lo contrario: desaparecen.
Mirando hacia adelante
Los smart glasses no buscan reemplazar al teléfono, buscan liberarte de él.
Si los G1 demostraron que esta idea podía funcionar en el día a día, los G2 parecen ser el siguiente paso lógico: más refinados, más integrados, más humanos.
El futuro no siempre llega haciendo ruido, a veces, simplemente aparece frente a tus ojos.
Autor
Cesar Ibarra
Software Developer & Tech Blogger. Usuario diario de smart glasses y creador de apps en SwiftUI.
